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Consecuencias de considerar los esports como deporte profesional

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En los últimos años, los esports se han constituido como uno de los principales sectores de entretenimiento atrayendo a millones de personas y haciendo que aumenten exponencialmente sus ingresos, captando la atención de jugadores, espectadores e inversores. Pese al claro auge que ha experimentado el sector y a las similitudes que comparte con deportes como el ajedrez, a día de hoy no es considerado como actividad deportiva en España.

El hecho de que los esports fuesen considerados y reconocidos como una actividad deportiva tendría un enorme impacto en el sector. Afectaría tanto a los jugadores como a los clubes, inversores, creadores de videojuegos y al resto de actores principales del mismo. Dotar a los esports de la condición de actividad deportiva ayudaría a profesionalizar el sector y conllevaría importantes beneficios para este.

A nivel empresarial y organizativo, los clubes de esports no pueden organizarse como ‘’clubes deportivos’’. Tienen que optar por formas jurídicas como la Sociedad Anónima o la Sociedad Limitada, optando en la mayoría de ocasiones por la segunda opción. En España, la principal ley en materia deportiva es la Ley 10/1990 del Deporte, en la cual se establece (art. 13) que el objeto de los clubes deportivos ha de consistir en ‘’la promoción de una o varias modalidades deportivas, las prácticas de las mismas por sus asociados, así como la participación en actividades y competiciones deportivas’’.

Por lo tanto, un club de esports en ningún caso podrá constituirse como club deportivo. Esto se debe a que la actividad que realizan no tiene la consideración de modalidad deportiva. En el supuesto de que los esports fuesen reconocidos como deporte, tanto los clubes de nueva creación como los ya existentes podrían beneficiarse de la posibilidad de optar por otras formas organizativas como los Clubes Deportivos o las Sociedad Anónimas Deportivas.

¿Es momento de que los esports den un paso más?

Quizás aquellos que más se verían beneficiados en el supuesto de que los esports adquieran la consideración de modalidad deportiva serían los jugadores. A día de hoy la relación laboral entre jugadores y clubes se articula a través de contratos mercantiles. En este caso entre una empresa y un autónomo para la contratación de los servicios del jugador. También de contratos de cesión de derechos de imagen a través de los cuales los clubes pueden realizar la explotación de los mismos obteniendo un beneficio a cambio de una remuneración para el jugador. También existe la posibilidad de realizar contratos laborales entre clubes y jugadores regidos por el Estatuto de los Trabajadores.

El artículo 1 del Real Decreto Legislativo 2/2015, de 23 de octubre, aprueba el texto refundido de la Ley del Estatuto de los Trabajadores establece los requisitos necesarios para la aplicación de la norma. En dicho precepto se establece que la ley será de aplicación ‘’a los trabajadores que voluntariamente presten sus servicios retribuidos por cuenta ajena y dentro del ámbito de dirección de otra persona, física o jurídica, denominada empleador o empresario’’. Siempre y cuando se cumplan los requisitos, la relación existente entre jugadores y clubes se podrá articular a través de los distintos contratos laborales existentes.
Hay una serie de relaciones laborales de carácter especial que, por sus características propias, requieren de una normativa que las regule de forma específica.

«La profesionalización permitiría a los jugadores contar con garantías y seguridad jurídica»

La actividad de los deportistas profesionales es considerada como tal por el artículo 2.1.d) del Estatuto de los Trabajadores. Las cuestiones relativas a este tipo de relaciones se regirán por lo establecido en su normativa específica, el Real Decreto 1006/1985, de 26 de junio. En él se regula la relación laboral especial de los deportistas profesionales. En el caso de considerar a los esports como deporte y a sus jugadores como deportistas profesionales, estos podrían beneficiarse de la seguridad jurídica y laboral que implica la sumisión de sus relaciones laborales al RD 1006/1985. La normativa específica que resultaría de aplicación al sector regula cuestiones como la duración del contrato, los derechos y obligaciones de las partes, la retribución, la jornada laboral, los descansos y vacaciones, las cesiones temporales, regulación de las faltas y sanciones, etc.

En definitiva, para los jugadores el hecho de tener la consideración de deportistas profesionales les permitiría contar con una serie de garantías y una seguridad jurídica. Esto ayudaría a evitar la existencia de situaciones laborales precarias y a grandes rasgos a profesionalizar el sector. Pese al crecimiento que ha experimentado el sector de los esports en los últimos tiempos, ser considerado como deporte en algunos países como Corea del Sur, tener características muy similares con otras actividades que gozan de la condición de actividad deportiva y, en mi opinión, cumplir con los requisitos necesarios para ser reconocidos como deporte, a día de hoy parece que dicho reconocimiento sigue aun estando lejos.

Aún falta mucho para considerar a los esports «deporte»

La profesionalización y seguridad jurídica del sector también podría alcanzarse mediante la elaboración y aprobación de una normativa específica para el sector de los esports. A través de esta norma se regularían las cuestiones más importantes del mismo. De esta forma se podría conseguir un resultado similar al producido en el supuesto de que los esports fuesen reconocidos como actividad deportiva. Francia se animó a regular los esports, aprobando dos decretos, el Derecho nº 2017-871 y el 2017-872. En ellos que se reguló la organización de las competiciones de esports y los aspectos jurídicos relativos a las licencias para poder contratar jugadores. También encontramos países como Finlandia y Corea del Sur que han reconocido directamente a los esports como deportes.

La implementación de una regulación específica que regule el sector de los esports significaría un importante paso hacia delante. No obstante, se ha de hacer con extrema precaución dado que una regulación excesiva podría ahuyentar a posibles inversores. Es necesario conocer el sector a la perfección para establecer las normas por las que se va a regir y no regular de forma excesiva.

En resumen, podemos afirmar que un reconocimiento de los esports como actividad deportiva conllevaría una importante cantidad de beneficios para el sector. A día todo apunta a que tendremos que conformarnos con la posibilidad de que los países elaboren regulaciones propias que permitan a los esports seguir creciendo y disfrutando del fructífero camino que se les augura. Todo ello mientras seguimos esperando su merecido reconocimiento como actividad deportiva.

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Firma: Antonio José Albarral Borrego

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