Valheim: te hablamos del juego que ha vendido más de dos millones de copias

Un refrescante juego de supervivencia

Valheim ha vendido más de dos millones de copias en poco más de una semana. Y ya está, esta es la noticia. Ahora te voy a contar, desde mi experiencia, de qué va esto de Valheim y por qué deberías darle una oportunidad.

Valheim: Tranquilidad, dioses nórdicos y sorpresas

Cuando entré por primera vez en el título no sabía muy bien que encontrarme. Una arpía te deja caer en esta estancia y un cuervo de explica que debes acabar con las bestias que Odin ha dejado libres. Sabes, porque lo has visto en los trailers, que tienes un mundo por delante que explorar. Cuando abre el mapa el espacio es gigantesco. ¿Todo eso es explorable? Pero luego te pones manos a la obra, ¿cuál es tu siguiente paso? Ir a por el primer jefe, que te lo marca en el mapa.

Como en muchos juegos de esta índole, tienes que alimentarte -aunque no beber-. Según lo preparado que esté, tu barra de vida y de cansancio aumentará. Y aunque cada cierto tiempo tengas que seguir consumiendo, es fácil encontrar criaturas que te darán sustento.

Luego toca el típico farmeo. Valheim no se libra, aunque es más liviano. Coges un par de elementos y te haces un hacha. Al contrario que en otros juegos más populares, tener un instrumento para conseguir recursos es bastante rápido, al igual que tener una casa sencilla donde residir. En tu casa tendrás un banco de trabajo donde podrás reparar gratuitamente todo tu equipo básico, y esto, no sé si estará en otros juegos, te da la vida.

A partir de aquí, buena suerte crack, como diría el Xokas. O buscas en internet o aprendes por tu cuenta cómo funciona la vida en este lugar, porque el juego tiene otra peculiaridad. Hasta que no encuentras un elemento, no sabes qué puedes construir -y muchas veces ni con esas-.

jefes, sorpresas y enemigos

Después de varias horas de farmear jabalíes, lagartos y sílex te sientes abrigado. Tu casa es pequeña pero apañada. Entonces vas a por el jefe. Te dice que des caza a su raza. Ves arriba la figura de un ciervo. Habrá que ir a matar ciervos. Pero qué escurridizos son…

Buscando ciervos encuentras una edificación de piedra destruida. Te acercas y ves dos esqueletos. Uno tiene un arco. De un disparo te deja a nada de vida. Intentas correr pero te alcanza el siguiente. Te mata. Bienvenido a Valheim, piensas. Pero por suerte no lo pierdes todo.

Vuelves al lugar y coges todo. Ya has aprendido que si te mueres varias veces no pierdes las cosas. Se te queda el cadaver ahí y lo recuperas rápidamente si tienes hueco. La tranquilidad es lo que más se valora. De paso, un pequeño detalle, el juego está en normal. Te ríes.

Al cabo de un rato consigues un arco y un cuchillo y matas a varios ciervos, que te dan un trofeo. Ah, eso es lo que hay que usar allí. Te llenas la mochila de flechas y vas para allá. Cuando dejas en el altar el trofeo, aparece un ciervo gigante que lanza rayos. Rudolph cabreado, feliz navidad.

Con tiempo y esquivando lo matas. Con mucho tiempo. Recordemos, estamos en normal. De su cadáver te haces el pico y el cuervo te dice que te vayas al bosque negro, que allí hay sílex y cobre. Pues claro, allá que vamos. Pero esta zona es un poco más peligrosa, así que construimos una pequeña base para no tener que estar yendo y viniendo.

Pero de pronto te das la vuelta y aparece un trol gigante con un tronco en la mano. Bueno, menos mal que estoy dentro de mi muralla. Así el trol no podrá pasar. Pero es que la criatura no es tonta, con su tronco le da un golpe a tu estructura y pierde la mitad de la vida. Ay jolinga. Arco y flechas de nuevo. Dando vueltas, pero al final lo matas.

Su madre.

En normal. Estamos. Qué risas. Qué buen juego el Valheim.

La barca y el segundo jefe

Tras farmear un ratito de cobre y estaño nos forjamos un equipo de categoría. Vamos volando. Pero el otro jefe, según nos dicen en una cueva, está a tomar por saco. Buscamos la forma de llegar y sólo se nos ocurre una balsa. No tenemos recursos para crear nada más que un pequeño Raft. Qué cosa más enclenque. Frágil. Como la vida misma.

Te subes al Raft y al rato entiendes cómo navegar en ella. Me cachis, vamos a tardar una eternidad en llegar al otro lado. Pero la verdad, es bonito. El árbol gigante en el firmamento, el personaje agarrado al mástil, la ligera música y la noche. La sensación de paz es sobrecogedora: asusta. Al rato, ves tierra. Es el mejor momento de tu existencia.

Aquí hay más trolls, más bichos y de paso unas montañas heladas que te matan. Para llegar al boss hay que andar un rato más hacia el norte. Bastante más. Te creas una pequeña base y emprendes el camino. Al cabo de un rato encuentras que hay un punto por el que podrías haber ido nadando sin necesidad de tanta balsa. Estupendo.

Llegas al segundo jefe y pones unas semillitas de aspecto cuestionable. Aparece un ent gigante. Buenas tardes. Sigues con el arco. Tendrías que haber traído fuego, piensas. Tarde. Un rato después, el ent cae, y su cabeza te habla. Te lo has llevado y te ha dado una llave para las criptas.

Esto es un juegazo. La sensación de inmersión es brutal. El equilibrio de crafteo y exigencia me anima a seguir trabajando y construirme algo genial. Las posibilidades son muchas y además sólo llevo… ¿22 horas? Madre… Supongo que si tuviera amigos el juego iría más rápido, mucho más rápido. Habrá que buscar al resto de vikingos…

Qué buen juego el Valheim…