Todos hemos pasado por la cárcel de Larssen

La virtud como gran arma de doble filo

Rogue ha finalizado la ida del Spring Split de la League of Legends European Championship (LEC) como líder invicto. A pesar de sufrir las sensibles bajas de Steven Liv «Hans Sama» y Kacper Sloma «Inspired«, la organización europea ha sabido reconstruirse alrededor de las llegadas de Kim Geun-seong «Malrang» y Markos Stamkopoulos «Comp«. Los roguetianos como tal no han revolucionado League of Legends, pero durante la primera mitad de la temporada se ha mostrado como un equipo extremadamente solvente apoyándose en sus virtudes. Una de ellas es la excelencia de Emil Larsson «Larssen» con los magos de control, algo que puede llegar a ser un arma de doble filo.

Aquí podríamos hablar largo y tendido en aspectos técnicos sobre todo lo que implica tener una especialización tan grande. Que si brillar en ciertos tipos de composiciones, empeorar el rendimiento con un cambio de metajuego que no beneficie un tipo de campeones en concreto, etc. Pero todo eso da igual igual. No importa cuando podemos extrapolar a nuestras vidas lo que le sucede a Larssen con los magos de control. Porque todos contamos con una virtud que nos permite avanzar y mantenernos en un lugar. Sin embargo, con el paso del tiempo se convierte en un nido de frustraciones a modo de cárcel. 

Esa cárcel es jodida porque te genera la necesidad de desmarcarte, querer demostrar que eres más. Intentas lograr con éxito el difícil ejercicio de reinventarte pero acabas frustrándote porque no te sale tan bien como aquello en lo que estás especializado. Da igual lo bien que pueda llegar a jugar Larssen una Akali que la Orianna de turno se mantendrá en el recuerdo. De tantos golpes contra la pared acabas ratificas la imagen de que sólo vales para hacer una cosa y, por mucho que intentes reinventarte, acabas en lo de siempre. Acabas de nuevo en la celda con la misma voluntad propia con la que ansías libertad de etiquetas.

Comentaban Duncan Shields «Thorin» y Christian Rivera «IWDominate« que, a veces sea tan vistoso, quizás lo mejor es asumir ese rasgo característico con orgullo para seguir en lo más alto. Para qué renegar de una especialización cuando está demostrado que aun así se puede llegar lejos. Aun así el dolor de la comparación sigue presente. No tiene por qué realizarse con auténticos fuera de serie en términos generales, si no con los propios especialistas. Larssen es quizás el mayor especialista de magos de control de la actualidad, pero quién puede negar los paralelismos con Henrik Hansen «Froggen«. Puedes hacer lo que quieras que siempre encontrarás a alguien con quien medirte y hundirte tu mismo. Ya puede venir la persona que más respetes a intentar hacerte cambiar de opinión, que con lo instalada que está el intento acaba en fracaso. Un ejercicio más difícil que escapar de Guantánamo.

Tener dudas sobre Larssen o Rogue es algo completamente lícito. De hecho, mantener la fe a ciegas para luego acabar pegándote una hostia más fuerte puede llegar a ser incluso más doloroso. No obstante, no sé exactamente por qué, pero cada vez intento ser más cauteloso. Seguramente sea porque sigo peleándome con páginas en blanco y frustrándome cada vez que me veo delante de una cámara. Cada vez me da más vértigo ser extremadamente duro con jugadores cuando veo que aquello que le hacen o les pasa se podría extrapolar sin problemas a mi situación. Ponernos un palo en la rueda delantera de nuestra bicicleta no es algo que se resuma dentro de una pantalla.