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Penaltis y Worlds de felicidad

La nostalgia es camaleónica: en un abrir y cerrar de ojos pasa de ser un motor de motivación a un cuchillo de doble filo

Rozo demasiadas veces la línea del enviarlo todo a la mierda. No porque esté especialmente mal viendo la situación que nos ha tocado vivir, más bien porque la asignatura llamada «gestionar» todavía la apruebo rozando el larguero. Cuando estoy a punto de superar la línea que provoca una guerra conmigo mismo acudo rápidamente a la nostalgia como refugio. El objetivo es sencillo: engañarme. No abuso de la técnica porque una vez ejecutada te deja vacío, pero no hay acontecimiento de mi vida -incluidos los Worlds– que se libre de este método en el caso de verme al borde del precipicio y con la necesidad de usarlo. Cualquiera que me conoce mínimamente intuye que, entre otros muchos ejemplos, el fútbol sala ha sido una víctima de ello.

Cada vez mi relación con este deporte empieza a caer recurro al vídeo de la final de la Liga Nacional de Futbol Sala (LNFS) de la temporada 2012-2013. El Barça tiene en sus manos ganar en el propio Palau Blaugrana el campeonato ante ElPozo Murcia. Tras un intenso empate a tres el encuentro llega a los penaltis. Es ahí donde Jordi Torras, mi deportista favorito, se dispone a tirar el último penalti con el brazalete de capitán blaugrana. Torras no duda ni un momento: chute potente, seco y dirigido a la escuadra situada a su derecha. La liga tiene nombre culé y la imagen de Jordi subiéndose a la grada a celebrarlo con la afición pasa a la inmortalidad. Hablando egoístamente fue así porque lo presencié en directo.

Recordar cómo ese día me compraron mi primera camiseta de la sección, cómo me hice una foto con Wilde (otro futbolista de la plantilla blaugrana) mientras se reía al ver que ni siquiera me había quitado la etiqueta de la equipación o simplemente cómo viví aquella tensión… En definitiva, lo que hago es viajar al momento en el que fui feliz. Entonar el «no eres tú, soy yo» para engañarme y creer por momentos que en algún punto esa felicidad volverá. Por ese mismo motivo la retransmisión de los antiguos Worlds en Twitch tiene en parte tanto éxito. Volvemos al momento donde nos hicieron disfrutar o miramos con buenos ojos cómo ese año en concreto aquel torneo de un videojuego nos ayudó a evitar que la mierda externa se sobrepusiera.

Al mismo tiempo, con la excusa de explicar aquello que desconocen, invitamos a la gente que no los vivieron a conocernos más. A través de ese evento -véase Worlds o lo que sea- ofrecemos un pedazo nuestro que por distintos motivos no había sido mostrado. Todo con tal de reforzar los lazos, pero cuando acaba el viaje toca volver a la realidad. No pasas por tu mejor momento aunque tampoco es cuestión de quejarte teniendo en cuenta cómo está el patio. Decía Arrigo Sacchi, entrenador del AC Milan, que «el fútbol es la cosa más importante de las cosas menos importantes». Quizás a los deportes electrónicos les suceda lo mismo dentro del entretenimiento digital. Porque en el fondo, mientras ponemos un evento como excusa, todos sabemos que en algún momento hacemos lo mismo a escondidas con archivos de Instagram, mensajes favoritos de WhatsApp o fotos de la galería.

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